Esta es la descripción de un itinerario sin ninguna pretensión ni aventurera ni literaria. Vaya por delante que nuestra intención no ha sido batir records ni nada parecido, (aunque si que hemos tratado de “tocar” el mayor número de colladas, altos o puertos que hemos podido, en un trayecto cerrado que nace y muere en Gijón) sino dar rienda suelta al entretenimiento de este minigrupo mitad mototurista, mitad montañero, que no es otro que el disfrute del paisaje y de nuestro patrimonio natural desde este aparato mecánico de dos ruedas que posibilita mejor que ningún otro el desplazamiento, la diversión y la participación del entorno integrándonos en él, sin olvidar la pincelada de aventura que cada excursión en moto lleva consigo.

Dicho esto, vuelvo a la justificación del viaje. ¿Qué es lo que se pretendía? Pues pura y llanamente realizar un itinerario que se pudiese acometer en un fin de semana sin grandes palizas, que abarcase el mayor número de puertos de montaña posibles desde el Occidente al Oriente de Asturias, y por supuesto, que fuesen carreteras de segundo orden, tranquilas, ajenas a las grandes vías de comunicación, y con un componente paisajístico añadido. Así nació la idea y así la hemos puesto en marcha con una ilusión y unas ganas enormes.

Salimos los de la foto (Toño, Carmen, Nevada, Paloma, Eduardo y el fotógrafo, Argüelles) un viernes por la tarde, con un día espectacular que hacía presagiar un fin de semana lleno de sensaciones a pesar de los pronósticos del tiempo que no eran excesivamente halagüeños. Tras tomar la autopista “Y” nos dirigimos a Avilés para salir, desde la variante, a la Nacional 632 en dirección a Vegadeo. 134 Km. de tráfico espeso y antipático (es viernes) que hace de este tramo un simple desplazamiento descafeinado de encantos.

Dos horas más tarde aproximadamente, llegamos a Vegadeo, hermoso pueblo ubicado en la desembocadura del río Eo, en el límite Occidental del Principado, y punto desde donde nos adentramos en dirección sur hacia la Cordillera Cantábrica. Tomamos la carretera autonómica AS-11 y el panorama cambia completamente: buen firme, ausencia de tráfico, paisaje acogedor y la luz del atardecer que invita a disfrutar a tope… un cóctel explosivo que anima el espíritu y nos transporta en un plis de 20 Km. al puerto de la Garganta, de 905 mts. de altitud.
Desde aquí, contemplando la magnífica panorámica que nos ofrece de la Comarca del los Oscos al Sur, nos dirigimos por la AS-211 al pueblo de Santa Eulalia de Oscos, lugar donde finalizamos esta primera etapa que nos ha ocupado tres horas largas y 173 Km. Y como quiera que es esta la descripción de un itinerario mototurístico, no puede faltar la obligada alusión a las cuestiones de tipo folclórico-festivas.

La región de los Oscos, comarca perdida en los confines de Asturias, tierra de encantos naturales conservados seguramente gracias al aislamiento secular en que se ha mantenido toda esta zona del Suroccidente Asturiano, está despertando con fuerza en esta nueva moda de lo que llamamos turismo rural, recuperando para el viajero maravillosos rincones de su rico patrimonio etnográfico. Tierra de valles húmedos y nebulosos, por los que discurren arroyos jalonados de ablanos, perfecto caldo de cultivo para la mitología y la leyenda. Castros que aún esconden bajo la tierra que los vio nacer sus secretos de historia cotidiana y de pasado inundado de oro. Agua, aire, fuego y tierra, los cuatro elementos eternos de la naturaleza que sus lugareños han obligado a mezclarse en mazos y fraguas, en molinos y batanes.

Esta maravillosa tierra se hubiese merecido mas dedicación por nuestra parte, pero no hay más tiempo previsto que el de una pernoctación por lo que nos alojamos en uno de los numerosos y acogedores establecimientos que han surgido recientemente y buscamos un lugar donde cenar, recalando en “La Cerca”, precioso restaurante parrilla ubicado en una vieja casona de labranza donde todas sus dependencias (pajar, hórreo, antojana, etc.) están perfectamente acondicionadas en su rústico estilo para deleite de quienes se acercan a este rincón en busca suculentos platos con que reponer fuerzas.

A las 10,30 horas del sábado, estamos preparados para acometer la jornada más larga, que iniciamos con el ánimo pletórico con que el soleado día nos saluda. Tomamos la Carretera local SE-1 en dirección al Puerto del Acebo. Ambiente fresco, asfalto regular, trazado mixto de curvas alternadas con tramos rectos y toda la tranquilidad del mundo,… una delicia para disfrutar de una conducción turística. Desde el alto del Puerto (1.030 m.) en la línea divisoria que separa Lugo de Asturias, se disfruta de un horizonte muy amplio sobre montañas romas, no muy altas, y profundos valles, una topografía característica de esta parte de la Cordillera Cantábrica, próxima a Los Ancares, en los confines de Asturias, Lugo y León. Un paisaje pelado y solitario, un tanto sobrecogedor por la sensación de soledad que destila, con un encanto singular.

Retrocediendo sobre nuestras rodadas y tomamos la carretera local LU-702, que nos lleva por la divisoria de las dos provincias hasta el concejo de Ibias, situado en el último rincón de Asturias, descendiendo unos cuantos cientos de metros de desnivel, serpenteando a través de todas las curvas inimaginables que nos dejan en la parte baja del valle, justo en la cola del embalse de Grandas del Salime, en el Río Navia. Seguimos por la AS-29 primero y AS-210 después, camino de San Antolín, capital del Concejo, donde hacemos un alto y aprovechamos para echar gasolina tras recorrer los primeros 44 Km. del día en algo más de una hora.

Salimos por la carretera local AS-211 iniciando a los pocos Kilómetros, tras pasar el pueblo de Cecos, la subida del Connio, puerto de 1.315 m. de altitud que nos introduce en otro paisaje completamente diferente pues entramos de lleno en el impresionante Bosque de Muniellos, declarado Reserva de la Biosfera. Kilómetros y Kilómetros de frondosidad verde absolutamente autóctona, curvas y naturaleza solitaria que impregna y satura los sentidos: disfrutas conduciendo, disfrutas contemplando, te fundes con el paisaje, con la carretera, es casi como tocar el cielo.

Después de 37 Km. Llegamos al pueblo de Venta Nueva, cruce con la regional AS-15, que en dirección sur nos llevará por el Puerto del Rañadoiro (1.181 m.) hasta Degaña, Concejo de grandes montañas tapizadas con espectaculares masas boscosas (continuación de Muniellos) de hayedos, castaños y robles donde se refugian aún dos especies emblemáticas de la fauna Cantábrica: el oso y el urogallo. El firme y trazado de la carretera son alucinantes e invitan a realizar una conducción deportiva que alguno aprovecha rozando con los avisadores el asfalto. (Carlinoooooossssss…..)

Pasamos Degaña y, continuando por la misma carretera, ascendemos por el Puerto de Cerredo (1.341 m.), puerta de entrada al valle de Laciana, en la Provincia de León, zona también de hermosos y extensos bosques en las laderas de las montañas, que contrastan con las explotaciones mineras de todo el entorno de Villablino. Tras 145 Km. desde nuestra salida de los Oscos hacemos un alto para comer el Villaseca de Laciana, en un bar de carretera característico de estos pueblos mineros, sin ningún encanto, pero culinariamente correcto.

Por la Comarcal LE-623 seguimos en dirección Este entrando ahora en el ubérrimo y fértil Valle de Babia, declarado por la UNESCO Reserva de la Biosfera, tierra de extensos pastizales entre altas montañas, lugar de trashumancia y merindades donde los reyes de León (hace más de diez siglos) se retiraban a descansar y desconectar de los problemas de la corte: tal debía de ser entonces la bondad de esta tierra. Parece que estas ausencias del rey motivaban a menudo la inquietud de los súbditos a quienes, cuando preguntaban por él, se les respondía evasivamente que el rey estaba en Babia. La expresión se hizo coloquial y pasó al lenguaje común para significar toda disposición de ánimo desentendida, de propósito o involuntariamente, ante cualquier tarea apremiante.

En esta parte del trayecto, la carretera es cómoda, llana y de largos tramos rectos, lo que invita a una conducción relajada gracias a la que se puede contemplar y disfrutar plenamente del extraordinario paisaje que el Valle ofrece.

Próximo al su límite Oriental nos encontramos con el macizo de Ubiña, uno de los más abruptos y altos de la Cordillera. También llega a este extremo del Valle una de las colas del extenso embalse de Barrios de Luna que no se escapa a la tremenda sequía que se vive en todo el país.

Cruzamos la autopista AP-66 que une Asturias con León por debajo del puente Fernández Casado, que fue la estructura atirantada más larga de Europa, y tomamos la carretera local LE-473 en dirección a Pola de Gordón por el Collado de Aralla (1.536 m.). Carretera de desniveles como corresponde a buen puerto con numerosas curvas cerradas, firme regular y calzada estrecha. El paisaje se va endureciendo haciéndose algo más árido y pelado con los característicos crestones de caliza de esta parte de la montaña leonesa que le dan una peculiar belleza.

30 Km. más adelante desembocamos en La Pola de Gordón, capital de esta comarca del Norte de León muy apreciada por los asturianos como sede de veraneo por su clima seco y fresco, y cogemos la N-630 en dirección al mítico puerto de Pajares, que por esta vez dejaremos pues no entra en nuestro itinerario, saliendo en la localidad de Villamanín por la ruta local LE-312 en dirección a Cármenes. Otra vez carretera de pendientes, curvas y asfalto regular como corresponde a una calzada de “quinto orden”, pero con el extraordinario encanto que le aporta su soberbio paisaje de praderías de alta montaña y la tranquilidad que se respira, interrumpida de vez en cuando por alguna que otra vaca que se atraviesa en medio. Después del Collado de Cármenes (1.339 m.) y de pasar el pueblo del mismo nombre, desembocamos en la LE-311 que tomamos en dirección Sur durante un par de Km. para coger la LE-313 a la izquierda hacia el puerto de Valdeteja (1.382 m.), carretera y paisajes parecidos que nos trasladan en unos pocos Km. a otra local, la LE-321, que une La Vecilla con el puerto de Vegarada.

El recorrido, de unos 10 Km. hasta esta última localidad, se va abriendo paso por una estrecha garganta horadada en la montaña caliza por el río Curueño hasta salir a la Vecilla donde la comarcal CL-626 nos acerca hasta el pueblo de Boñar tras 8 Km. de buena carretera. De aquí solo nos resta una última tirada de unos 27 Km., muchos de ellos bordeando el bonito paraje del embalse del Porma, para llegarnos, ya cansados pero contentos, a Puebla de Lillo, fin de etapa tras casi 300 Km. en nuestros marcadores y nueve horas (incluyendo paradas, comida, fotos y demás, claro está) de ruta total.

Este acogedor rincón de la montaña de León, tiene una larga tradición turística pues no en vano, sirve de base en invierno a muchos aficionados al esquí que tienen en el cercano puerto de San Isidro el más importante centro invernal de la Cordillera. Dimos con un alojamiento acogedor y simpático, del tipo casa rural, que nos resultó muy agradable, y tras una buena cena a base de sopitas (ya hacía frío) huevos con patatas y jamón en el restaurante Madrid (de toda la vida), nos fuimos con ganas a la cama.

Tras descansar estupendamente toda la noche, preparamos nuestros bártulos para estar dispuestos a eso de las 10,30 de la mañana, con un día típico de otoño, amenazando agua y con una temperatura de unos 3º.

Después de repostar en la gasolinera del pueblo, enfocamos la ruta que nos lleva al puerto de las Señales, de 1.625 metros de altitud, cuya cota alcanzamos tras pocos Km. de recorrido con calzada húmeda y mucho frío. Lamentablemente no pudimos disfrutar de la preciosa vista que desde aquí se divisa sobre el macizo del Mampodre ya que la nube estaba enganchada en este lugar de altas cumbres, temiendo que ésta iba a ser la tónica dominante de la jornada.

Descendimos sin mucho entretenimiento por una calzada en condiciones regulares y mojada, hasta la vega que nos lleva en muy corto trayecto al puerto de Tarna (1.490 m.), importante vía de comunicación entre Castilla y Asturias por el Oriente desde la edad media y magnífico punto de observación de las laderas boscosas que se extienden hacia el Norte por el concejo de Caso en el Principado y las brillantes vegas de Ríosol hacia el Sur, ya en la provincia de León. Lástima de día que sigue cerrado y lluvioso sin darnos cuartel para el disfrute del panorama que nos rodea.

Bajamos por la comarcal CL-635 en dirección a Riaño entre las praderías y montañas de esta preciosa y fértil zona ganadera, dejando atrás, a medida que avanzamos hacia el Sur, la nube que sigue aferrada a las altas cumbres de la Cordillera Cantábrica.

A pocos Kilómetros de Burón, topónimo que da nombre a este fecundo y exuberante valle (Valdeburón) salimos a la N-625, carretera que por el alto del Pontón (1.280 m.) era utilizada también con profusión por las gentes de la zona desde antiguo para comunicarse con la comarca de Sajambre. Tomamos en el cruce a la izquierda y continuamos hasta el Puerto donde nos recibe nuevamente la niebla, el frío y el agua. Tristemente, seguimos sin poder disfrutar de la extraordinaria panorámica que desde aquí se tiene sobre las impresionantes cumbres que se divisan: Peña Ten, Pileñes, Niajo, etc.; un mundo de verticalidad sobre las frondosas y verdes tierras de Sajambre.

Hacemos la foto de rigor y retrocedemos unos cientos de metros para tomar a nuestra izquierda la LE-244 hacia en puerto de Panderrueda, acceso natural a otro valle emblemático de este rincón de la Cordillera que es el impresionante valle de Valdeón. Nuevamente la niebla nos priva de la espectacularidad del panorama: laderas frondosas de hayedos, verdes y fértiles praderías en el fono del valle y, presidiéndolo todo, el majestuoso macizo central de los Picos de Europa al fondo, un capricho calizo de la naturaleza que no nos deja indiferentes por muchas veces que lo contemplemos. Grandiosa naturaleza de la que los habitantes de esta parte del norte de la península nos sentimos orgullosos.

Pero, así como durante los días anteriores, la meteorología cambiante e inestable de nuestro querido Cantábrico nos obsequió con una atmósfera soleada y diáfana, hoy no está por la labor y nos tenemos que conformar con seguir camino sin más. Hacemos la foto con el cartel del Puerto de Panderrueda 1.450 m. y descendemos por la preciosa carretera que recorre los frondosos hayedos hasta Posada del Valdeón, capital de la comarca. Parada técnica para estirar las piernas y disfrutar del paisaje que, aunque sigue cubierto en las alturas, nos da un respiro y algún que otro rayo de sol.

De Posada nos llegamos hasta Santa Marina de Valdeón por un estrecho camino vecinal, tomando en este pueblo otra carretera, la LE-243, que en apenas una decena de Km. nos sube hasta el Puerto de Pandetrave, de 1.562 m. por una calzada seca, con bastante buen firme, buenas curvas y bien señalizada. El tiempo aquí parece levantar y recorremos el trayecto que media hasta Portilla de la Reina (21 Km. desde Posada) disfrutando nuevamente del paisaje. En este punto tomamos la N-621 que nos llevará a la famosa villa lebaniega de Potes en la que el turismo no ha sido capaz (afortunadamente) de anular su personalidad y carácter de pueblo medieval.

Este tramo de nuestro recorrido se realiza al principio por una carretera bastante encajonada en el fondo de un valle desprovisto de arbolado hasta comenzar la ascensión al puerto de San Glorio (1.609 m.), puerta de entrada a tierras cántabras y uno de los puntos más altos de nuestro itinerario. Aquí el tiempo nos vuelve a regalar con una vista preciosa sobre toda la Liébana, delimitada por los espectaculares farallones del Macizo Oriental de Picos y por la imponente mole de Peña Prieta (2.538 m.) la mayor altitud de la Cordillera (exceptuando por supuesto, la Torre de Cerredo en Picos) desde donde bajan laderas de frondosísimas manchas de arbolado autóctono.

Tras un largo descenso de casi 28 Km. por una carretera de curvas infinitas, muy poco tráfico y magníficas vistas en la que disfrutamos como verderones, llegamos a Potes a eso de las dos de la tarde, una hora muy oportuna para hacer un alto en este acogedor punto turístico y disfrutar de su hospitalidad.

Tras reponer fuerzas con un buen cocido lebaniego emprendemos ruta por la misma carretera (N-621) en dirección Norte, que nos lleva por el angosto y profundo desfiladero de la Hermida hasta Panes, capital de Peñamellera Baja, ya dentro del territorio del Principado, en un recorrido de 30 Km. escasos, de buena carretera y con tráfico algo más denso.

Desde Panes emprendemos el camino de retorno a casa por la carretera recién arreglada que recorre el preciosísimo valle de Cabrales, ruta bastante concurrida pero con un firme y un trazado extraordinario para la moto, si bien el firme estaba mojado y había que andar con cuidado. En apenas 30 Km. llegamos al último hito de nuestro recorrido que es el alto del Ortiguero, para desde ahí, tomar la carretera que por el río Las Cabras nos dejaría en la A-8 (autopista del cantábrico) a la altura de Posada de Llanes, y en poco más de 30 minutos, en casa.

Con los 280 Km. recorridos en esta última etapa, suman un total de 750 Km. redondeando los acumulados en el fin de semana, de los cuales, más de dos tercios fueron realizados en carreteras de segundo orden, con quince puertos, altos o colladas de más de 1.000 m. de altitud (salvo el primero y el último). Un recorrido que cubre una buena parte de la Cordillera Cantábrica, desde Lugo hasta Cantabria, pasando por Asturias y León, con una variedad de paisajes y carreteras tan increíbles como sorprendentes, ideal para cualquier aficionado al moto-turismo.

Aunque el tiempo no sobra, es fácil de recorrer, las etapas se realizan sosegadamente, disfrutando de los lugares recorridos, y se presta a realizar las variantes que se quiera pues la ruta ofrece además de paisaje, una hostelería de primer orden.

Gijón, 5 de octubre de 2005

NEVADA, EDUARDO, TOÑO, CARMEN, PALOMA, CARLOS.